
España sigue siendo una película de Buñuel. Todos estos años han pasado en vano. La cutrez sangrienta y descarada , la escatología trágica, el no-humor negro (porque no se le puede llamar humor, no nos hace reír sino llorar) asoma sus sucios morros continuamente a través el barniz de civilización que se le quiso aplicar tras la muerte de Franco.
Desde siempre, los estados no han dudado en utilizar todo tipo de medios para conseguir sus objetivos. Pero España, que se considera dentro del grupo de las "democracias occidentales", tampoco duda en hacer el ridículo para lograr sus fines.
Y un objetivo prioritario del Estado Español en su contencioso con Euskal Herria es que la Izquierda Abertzale no consiga sacar adelante su proyecto de unir a las fuerzas independentistas, y hará lo imposible por impedirlo.
Y ayer nos volvió a sorprender en su descarnada crudeza.
Una jueza zafia ("Por mí como si bebe vino"), ignorante ("Mandela nunca ha sido un terrorista, era un pacifista") e incompetente ("Quiten éso, no se entiende ni papa"-refiriéndose a la principal prueba de cargo), ha inhabilitado por 16 años a uno de los políticos más brillantes del país vecino.
Dejando a un lado el fondo del asunto, la no pertinencia del juicio, o la injusticia palpable de la sentencia, es una metáfora perfecta del estado de los poderes públicos en el Reino de España.
Espejo perfecto de la crueldad gratuita. Una tragedia por sus consecuencias. Pero en su hacer y trayectoria, una bufonada. Buñuel en estado puro.
Y Gatza sigue en la cárcel.
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