
Leamos el periódico que leamos, veamos la televisión o sigamos las noticias por internet, todos los días nos desayunamos con casos de corrupción política. El PP acusa a los del PSOE y viceversa, oscuros personajillos se hacen famosos de la noche a la mañana por figurar en rocambolescas tramas de desfalco de los dineros públicos... Jueces, banqueros, sindicalistas, empresarios... nadie le hace ascos a trabajar de fonatanero en la política. Y todos somos conscientes de que los casos que salen a la luz son las puntitas del iceberg, las ventosidades que el Sistema tiene que dejar escapar de vez en cuando para aligerar su estómago embotado por tanto trasiego y facilitar su digestión; que sólo caen algunas cabezas de turco en los momentos que el Sistema lo considera oportuno. Tenemos la sensación de vivir chapoteando en una cloaca, con la mierda al cuello, de la que resulta imposible escapar. Y esa sensación nos paraliza. Vemos la injusticia de quienes amasan grandes fortunas a costa del hambre, la guerra y la desgracia de millones de personas, la desfachatez de quienes se consideran únicos depositarios del ejercicio de la "violencia legítima" y la utilizan para masacrar pueblos y enriquecerse y aumentar su poder, condenando a quien se oponga como "terrorista". Los que no dudan en masacrar a la población de Irak o reirle las gracias al rey de Marruecos mientras destroza y expolia al paueblo saharaui, piden que la izquierda abertzale pruebe "fehacientemente" su desmarque de la violencia; los que roban a espuertas al pueblo buscan leyes para castigar sin postre (sin comida ya estaban castigados) a los deshonestos parados que se aprovechan de los subsidios de desempleo y se niegan a aceptar trabajos miserables... Lo sabemos, lo vemos, lo vivimos en el día a día. Y sin embargo, aquí seguimos, plácidamente, sin rebelarnos, consolándonos con el fútbol, las minivacaciones o disfrutando vicariamente de las apasionantes y lujosas vidas de los famosos. La sensación de impotencia nos paraliza. Vemos que este Sistema lo abarca todo, desde el FMI hasta el más pequeño ayuntamiento, pasando por las grandes multinacionales los Estados y la Iglesia.
Pero la realidad es que los poderosos son pocos. Unas cuantas familias que conforman la "famiglia", la" cosa nostra" de la política, el círculo mágico de "nuestros hijos de puta".
Los que sufrimos sus desmanes, sus latrocinios y sus injusticias somos muchos, muchísimos más. ¿Cómo es que no saltamos, no nos rebelamos contra toda esta ciénaga que nos ahoga?
Han inventado una forma muy sencilla de tenernos en el puño: nos "regalan" unas migajas de lo que nos han robado previamente a cambio de nuestra docilidad. Y a esas migajas les llaman hipotecas, subsidios de desempleo, becas, pensiones... A ésto le suman la lotería, el fútbol y la tele, y tienen una población sumisa gritando a coro :"¡Virgencita, que me quede como estoy!". Y asi estamos, como unos gilipollas, abotargados y estupidizados, incapaces de hincarles el diente en la yugular. Y lo que es peor, peleándonos entre nosotros por los asquerosos "privilegios" que ellos deciden repartir.
Pero a pesar de todo, todas las generaciones han parido hijas e hijos rebeldes que han luchado incansables contra los tiranos y han gritado a los cuatro vientos que el rey está desnudo y, además, huele a mierda. Normalmente lo pagan caro, porque son pocos. Unámonos a ellos y, por una vez, que lo pague el Sistema.
Te adoro.
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